Latin Lover is one of Medellín and Colombia's most culturally significant brands. In 2025, they invited several artists and creators to collaborate on a capsule collection for their 20th anniversary—not a corporate celebration, but a statement of culture: Latino not as cliché, but as a way of living. A movement that takes what's rooted in the streets and the everyday and pushes it toward a global stage.
I was asked to create a t-shirt. And within it, a scene.
The brief was simple: capture one of the most recognizable spaces in Latin America. A street food stand. An empanada cart. Those points of pause scattered through every city—where you stop for a quick meal, recharge, meet strangers, have a conversation you didn't plan. Crumbs on the floor. Pigeons circling. Plastic tablecloths. A gas cylinder. A couple of stools. A handwritten sign. Not something romantic. Something real.
The visual language drew from popular Latin American street art—the kind that decorates our neighborhoods and businesses, made more with heart than with design knowledge, but that defines how we see our everyday world. Over that foundation, the piece had to live in Latin Lover's signature tone: sensual, provocative, playing between street culture and seduction.
The result: a street food stand caught in that tension. Popular barrio art meets the language that Latin Lover has built over two decades.
_
_
(ESPAÑOL)
Latin Lover es una de las marcas más culturalmente relevantes de Medellín y Colombia. En 2025, invitaron a varios artistas y creadores a colaborar en una cápsula colectiva para sus 20 años—no una celebración corporativa, sino una declaración de cultura: lo latino no como cliché, sino como un estilo de vida. Un movimiento que toma lo enraizado en la calle y en lo cotidiano y lo proyecta hacia un escenario global.
Me pidieron que creara una camiseta. Y dentro de ella, una escena.
El brief fue simple: capturar uno de los espacios más reconocibles en Latinoamérica. Un puesto de comida callejera. Un carrito de empanadas. Esos puntos de pausa dispersos por cada ciudad—donde uno se detiene para comer algo rápido, recargarse, encontrarse con desconocidos, tener una conversación que no planeó. Migas en el piso. Palomas rondando. Manteles plásticos. Un cilindro de gas. Un par de sillas. Un letrero hecho a mano. No algo romántico. Algo real.
El lenguaje visual partió del arte popular callejero latinoamericano—el que adorna nuestros barrios y negocios, hecho más con corazón que con conocimiento de diseño, pero que define cómo vemos nuestro mundo cotidiano. Sobre esa base, la pieza tenía que vivir en el tono característico de Latin Lover: sensual, provocador, jugando entre lo callejero y la seducción.
El resultado: un puesto de comida atrapado en esa tensión. Arte popular de barrio encuentra el lenguaje que Latin Lover ha construido en dos décadas.